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RENUEVATE EN LA VERDAD

Juan 8:32: …y conocerán la verdad y la verdad los hará libres.

Los cristianos en general tienen muy poco efecto sobre su cultura.   No serían tan inútiles si temieran a Dios más que a los hombres.  La cultura cambiaría si los cristianos dejaran de ver los programas sensuales y videos que contaminan su mente. Lamentablemente muchos cristianos han dejado de ser sal.  Esto lleva a una pregunta: ¿Qué ha hecho la iglesia durante esta era de pornografía?   ¿Ha liberado a los cautivos?   ¡No muchas veces!

En un intento de ser populares, algunas iglesias son tolerantes en este asunto. La naturaleza del hombre es propensa a las lujurias adictivas de los ojos y no ayudar a la víctima a superarlo, es permitir que siga en esclavitud destruyendo su espiritualidad. Esto es frustrante pues hemos   conocido la verdad por 2.000 años.   Pablo escribió que el pecado sexual es diferente, y que los cristianos tienen que huir de él o serán esclavizados.   La Iglesia podría hablar en contra de este tipo de pecado, pero los líderes no quieren parecer fuera de la moda o poner en peligro su relación con la gente más joven de la congregación. Aunque muchas películas populares pueden contaminar de la misma manera que una página pornográfica, los cristianos ignoran la verdad porque todos los demás las están mirando.   Estas películas dañan nuestra unidad con Cristo de la misma manera que la pornografía.

Las iglesias tienen esposos e hijos que están luchando con su conducta sexual pervertida, que se preguntan por qué no pueden controlarse, mientras la iglesia guarda silencio.

¿Qué están pensando los cristianos?   Los pastores actúan inocentemente, esperando suavizar los estándares de la Biblia para que los no cristianos que están en las bancas se sientan cómodos, pero se les olvida que la tarea principal de la iglesia es liberar a los cautivos y capacitar a los santos.   Cuando se aprueban prácticas que perjudican a los hombres (y que facilitan las obras de Satanás), no solamente están fracasando en liberarlos sino también en edificar un nuevo liderazgo.

Hermanos, si queremos tener una iglesia sexualmente pura, tenemos que pensar en la ruta que debemos seguir; tenemos que fortalecer ministerios como Ríos de limpieza, Romanos VI y todos aquellos que fomentan la pureza moral. La temperatura espiritual de la iglesia será inversamente proporcional a la temperatura sexual de su gente.

Compartamos la verdad para que los que están esclavizados experimenten la libertad que hay en Cristo.

Sirviendo con gozo a Jesús,

Ricardo Castillo P.
Pastor Presidente

ÉL DERRIBA LAS BARRERAS

Parece ser que nunca se había consultado tanto a psicólogos y consejeros familiares como en nuestra época, pues aspiramos a que nuestras relaciones con los demás sean más auténticas, afectuosas y profundas. Pero lamentablemente y con frecuencia, olvidamos que la barrera más grande entre dos personas es el pecado que se puede manifestar de muy diversas formas. El egoísmo, la envidia, los celos, la infidelidad, la deslealtad, el engaño, la mentira… son solo algunos de los pecados más comunes.

Cuando le hago daño a mi prójimo, interiormente, en el espíritu, se crea una distancia entre esa persona y yo. Por ejemplo, si hablo mal de otro, se forma una barrera entre los dos, aunque él no tenga ni idea de lo que yo he dicho.

Lo mismo sucede con respecto al Dios Santo. Nuestros pecados de desobediencia, nuestros pensamientos impuros, nuestro estado de rebelión constante contra él constituyen un obstáculo para nosotros insuperable. ¿Quién pudo tomar la iniciativa de eliminar este obstáculo? Dios mismo, porque aunque él es el Justo Juez y Soberano de la creación, también es Amor. Porque de tal manera amó Dios al mundo (a usted y a mí), que ha dado a su Hijo unigénito, (Jesús) para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3:16).

En la cruz Jesús, el Hijo de Dios, cargó con los pecados de todo el que desea recibir la gracia divina de la salvación. Jesús pagó para redimir a la humanidad; el obstáculo de sus pecados fue quitado y todo el que cree en él, recibe la vida eterna. Pero hay que tomar en cuenta que aunque el creyente tenga una relación viva, segura y eterna con su Dios, a veces un pecado viene a romper esa comunión. En ese caso es necesario confesarle ese pecado, con la certeza de que Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9)

¿Estás dispuesto a reconocer tu condición y a pedir perdón a Dios por tus pecados? ¿Eres un cristiano listo para arrepentirte y renunciar a la impiedad en tu vida?

Oremos juntos: Padre, por la obra de Jesús sobre la cruz tu has derribado las barreras de pecado que me separan de ti, estoy arrepentido y tomo la decisión de vivir en santidad para agradarte. Te ruego que derrames de tu gracia para mantener una buena relación con todas las personas, en el nombre de Jesús. Amén.

En éste mes, comparte con tus amigos la salvación en Cristo,

Ricardo Castillo P.
Pastor Presidente