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    “Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tu fueres, yo iré, y donde quiera que vivas, viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios”. Rut 1:16

    Aunque este versículo se usa eventualmente en las bodas, en el contexto real nos enseña que las historias de algunas personas en la Biblia se encuentran tan entrelazadas que casi son inseparables. A veces sabemos más de su relación cercana que de ellas como individuos. En la época actual, en que se rinde culto a la personalidad, sus historias son modelos útiles que ayudan a tener buenas relaciones. Noemí y Rut son un ejemplo hermoso de esta fusión de vidas. Sus culturas, sus antecedentes familiares y su edad eran muy diferentes. Como suegra y nuera, tal vez tuvieron tantas oportunidades de tensión como de ternura, pero se mantuvieron unidas la una a la otra. Ambas, en su condición de viudas, pasaron por profunda tristeza, se quisieron mucho y se entregaron por completo al Dios de Israel. A pesar de su interdependencia, tenían libertad en cuanto al compromiso de la una con la otra. Nohemí estaba dispuesta a permitir que Rut regresara a su familia. Rut estaba dispuesta a dejar su tierra natal e ir a Israel. Noemí incluso ayudó, tiempo después, en los arreglos matrimoniales de Rut y Booz, aun cuando esto podía cambiar su relación con ella.

    Dios estaba en el centro de la comunión íntima de éstas dos mujeres. Rut llegó a conocer al verdadero Dios a través de su suegra Nohemí. La anciana permitió que Rut viera, escuchara y sintiera todo el gozo y aún el temor y la angustia que ella experimentaba eventualmente en su relación personal con Dios.

    ¿Con cuanta frecuencia usted siente que sus pensamientos y reflexiones sobre Dios no son de la incumbencia de sus amistades íntimas? ¿Con que frecuencia expresa sus sueños y anhelos a su cónyuge o a su familia para que sean presentados unánimemente en oración ante Dios?

    Expresarnos abiertamente acerca de nuestra relación con Dios puede brindarnos profundidad e intimidad en nuestra relación con los demás y lo que es muy importante, puede significar la diferencia entre la vida y la muerte eterna de quienes nos rodean. Comparte con amor tu fe e invierte en el Reino de los Cielos.

    Muchas felicidades para las madres en particular y para las mujeres en general.

    Ricardo Castillo
    Pastor Presidente.

    EL SALVADOR QUE NECESITAS

    “ Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; más éste (Jesucristo), por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”. Hebreos 7:23-25.

    La función que tuvo Jesucristo como Sumo Sacerdote fue muy superior a cualquier otro sacerdote de Leví, porque Jesús es el Mesías. Si los sacerdotes judíos y sus leyes hubieran sido capaces de salvar a la gente ¿Por qué Dios necesitó mandar a Cristo como sacerdote, si ni siquiera era de la tribu de Leví, sino de la tribu de Judá?

    Los sacrificios de animales tenían que repetirse una y otra vez y ofrecían solo un perdón temporal; pero aunque el sacrificio de Cristo fue ofrecido solo una vez, éste otorga perdón total y permanente.

    En el Antiguo Testamento, el Sumo Sacerdote se presentaba una vez al año para interceder por los pecados de su nación; pero a la luz del Nuevo Pacto, nadie puede añadir algo a lo que Jesucristo hizo para salvarnos. Nuestros pecados pasados, presentes y futuros han sido perdonados y Jesús está con el Padre como una confirmación de ese perdón. Nuestro Sumo Sacerdote es el abogado mediador entre Dios y nosotros. El cuida de nuestras vidas e intercede ante el Padre por nuestro bienestar. La presencia de cristo en el cielo nos garantiza que nuestros pecados han sido cancelados y eso nos libra de la condenación y del temor a fracasar.

    Debido al sistema expiatorio, por lo general los israelitas estaban conscientes de que eran pecadores y de que el pecado tiene un alto costo. Actualmente muchas personas dan por sentado la obra de Cristo en la cruz, pero no toman en cuenta o menosprecian lo mucho que le costo a Jesucristo asegurar nuestro perdón; a él le costo la vida y una separación temporal y dolorosa de Su Padre.

    Si Cristo es nuestro Sumo Sacerdote, debemos prestarle toda atención. Ningún líder espiritual, pastor, maestro ni amigo cristiano puede sustituir la obra redentora de Jesús.

    Si usted ya es cristiano, recuerde que Jesucristo ha pagado por sus pecados para siempre y demuestre su gratitud andando en el camino de la santificación. Si aún no ha recibido a Cristo como su salvador personal, le invito a hacer una declaración que de acuerdo con la Biblia, nos permite ser considerados hijos de Dios y herederos de la vida eterna en el cielo. Ora de manera que te puedas escuchar…

    Padre celestial, te doy gracias por amarme y enviar a Jesucristo a morir en mi lugar. Estoy arrepentido de mis pecados y deseo renunciar a ellos permitiendo que Jesús sea quien dirija mi vida desde ahora y para siempre. Amén.

    Fraternal abrazo,
    Ricardo Castillo
    Pastor Presidente