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    LAS VIRTUDES QUE DESEAMOS

    Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo. Efesios 4:32 (DHH)

    En Efesios 4: 25-32 (leer) el apóstol Pablo, afirma que quien dice tener una relación con Dios, esta debe reflejarse en su conducta diaria. El refrán: “Dime con quien andas y te diré quien eres” aplica bien en éste caso. Alguien que anda con Dios no puede comportarse como si estuviera andando con el diablo. Desde el Antiguo Testamento vemos a Dios pidiendo a Israel ser diferente de los pueblos paganos, que ellos sean semejantes al Dios que adoran.

    Pablo admite que entre los hermanos de la iglesia puede haber conflictos, fricciones, disgustos, pero eso no debe ser motivo para la división. Cuando ocurren estas dificultades, no puede darse oportunidad para que el demonio cause más daño, sino que debe procederse a arreglar la situación lo antes posible. Como en toda familia, también en la iglesia se dan diferencias, altercados y pleitos, pero los hermanos deben recordar que hacen parte de un mismo cuerpo y que deben velar por su propio bienestar y el de los miembros de la iglesia.

    En éstos versículos Pablo desafía a trabajar a quien antes robaba y a hacer el bien con el fruto de su trabajo. Si antes despojaba a alguien de sus pertenencias, ahora debe caracterizarse por trabajar honradamente y por compartir con el necesitado. Además, ya no debe ser conocido por sus conversaciones obscenas o dañinas, sino por palabras de aliento y edificación. Debe evitar las palabras que calumnian y destruyen. Si el corazón del cristiano esta lleno de la palabra de Cristo, entonces sus palabras lo demostrarán. Jesús afirmó: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno…porque de la abundancia del corazón, habla la boca.” (Lucas 6:45)

    En Efesios 4:32 Pablo menciona tres virtudes que deben caracterizar a los hijos de Dios: bondad, compasión y perdón, pues están también presentes en el Señor.

    Oración: Padre, ayúdanos a reflejar el Cristo que vive en nosotros, perdónanos por los momentos en que te hemos fallado y por las faltas que hemos cometido y que han herido a otros. Queremos mostrar una bondad y compasión semejantes a las que has tenido con nosotros, para alabanza de tu nombre. Amén.

    Fraternal abrazo,

    Ricardo Castillo
    Pastor Presidente.

    CUIDADO CON LA REBELDÍA

    “…Cuando él (Moisés) cesó de hablar…abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Coré, y a todos sus bienes. Números 16:31-32

    Este capítulo  nos revela que después de haber presenciado milagros espectaculares, de ver a los egipcios castigados con plagas y de experimentar la presencia y el favor de Dios, los israelitas siguieron quejándose y revelándose.

    El espíritu de rebeldía se manifestó a manera de queja en un levita que servía como asistente en las funciones diarias del Tabernáculo; su nombre era Coré. Éste hombre instigó una mini rebelión, reclutó a otros y confrontó a Moisés y a Aarón. Sus quejas básicamente tenían como argumento: 1) Ustedes no son mejores que otros, 2) Todos en Israel han sido escogidos por Dios y 3) No necesitamos obedecerles.

    Es increíble como Coré distorsionó los dos primeros puntos que eran verdades, para llegar a una conclusión errónea: “Yo tengo el mismo derecho que tiene Moisés para ser líder”. Su error no solo le costó el puesto sino también la vida.

    La historia de Coré nos deja algunas advertencias:

    1) No permita que el deseo de hacer lo que otros hacen le haga sentir inconforme con lo que tiene. Es delgada la línea entre los deseos y la codicia.

    2) No trate de levantar su autoestima atacando a los demás.

    3) No utilice parte de la palabra de Dios para apoyar lo que quiere, más bien permita que la Biblia moldee su carácter y sus deseos.

    4) No espere encontrar satisfacción en el poder ni en la posición, quizás Dios quiere trabajar a través de usted en la posición en que hoy se encuentra.

    5) Si no estamos contentos con lo que tenemos, podemos perderlo sin obtener nada mejor.

    Cuando vemos la historia de éste y otros rebeldes, nos preguntamos como pudieron ser tan ciegos y necios, y sin embargo repetimos los mismos patrones. Admitimos la veracidad de la Biblia, pero en ocasiones estamos desobedeciendo a Dios al hacer las cosas a nuestra manera. Al igual que los israelitas, prestamos más atención a las cosas materiales que a nuestra condición espiritual. Necesitamos meditar en lo que Dios ha hecho por nosotros, renunciar a todo deseo insano de protagonismo para nuestra propia gloria y mejor aún, disponer humildemente nuestro corazón para lo que Dios desea hacer en y por medio de nuestra vida.

    Servidor en cristo,

    Ricardo Castillo
    Pastor Presidente.