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    EL VERDADERO PROPÓSITO

    Eclesiastés 2: 10-11 Todo lo que quise lo hice mío; no me negué ningún placer. Hasta descubrí que me daba gran satisfacción trabajar mucho, la recompensa de toda mi labor; pero al observar todo lo que había logrado con tanto esfuerzo, vi que nada tenía sentido; era como perseguir el viento. No había absolutamente nada que valiera la pena en ninguna parte.

    Cuando Salomón, el autor del libro de Eclesiastés decidió tener un propósito en la vida, comenzó a acumular dinero, sólo para descubrir que esto no le proporcionaba la felicidad. Entonces buscó poder, lo logró, y descubrió que esto tampoco lo satisfacía. Luego vino una escandalosa búsqueda de placer, fama y celebridad. Por último, al final de todos sus esfuerzos, expresó sus famosas palabras: “era como perseguir el viento”

    Nosotros no fuimos creados para correr tras el viento; fuimos creados para unirnos a Dios en una misión. La Biblia enseña que Dios está trabajando en todo el mundo, llenando a sus seguidores de gracia, misericordia y poder para recuperar, redimir y restaurar este planeta quebrantado. El nos llama a remangarnos la camisa y a unirnos a él con nuestros talentos, dinero, tiempo y pasión. Él desea que su misión llegue a ser nuestra. El nos está diciendo: “Puedes seguir estás corriendo tras el viento o puedes aliarte conmigo y transformar juntos este planeta herido”.

    El deseo de cambiar el mundo está plantado en el corazón de cada ser humano, y ese deseo viene directamente del corazón de Dios.

    Podemos ahogar este deseo en el egoísmo, silenciarlo con distracciones o exigencias de la vida, pero aún permanece allí. Cuando nos preguntamos si el trabajo cotidiano o nuestras tareas como padres es todo lo que hay en la vida, nos sentimos inquietos e insatisfechos. Siempre que nos preguntamos cómo ha de sentirse una vida con verdadero propósito, sentimos el llamado a algo más: A servir y a dar como fueron no solo la instrucciones sino el ejemplo de Jesús. “Porque el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”. (Mateo 20:28)

    Oremos juntos: “Padre nuestro, no queremos experimentar el vacío y la tristeza por no estar cumpliendo el propósito para el cual fuimos creados; ayúdanos a discernir la manera específica como cada uno podemos trabajar a tu lado en tu divino plan de restaurar el mundo.

    En el amor de Dios,

    Ricardo Castillo
    Pastor Presidente ICCC

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